Hombre rico. Hombre pobre.
[headline]La más triste historia que he leído no es una. Es lo que subyace entre las líneas de muchas de ellas.[/headline]

Condenado a pasar sed y hambre rodeado de agua y comida por todas partes, Tántalo pagó así su crimen. Craso en Partia fue obligado a beber oro líquido. Su codicia parecía no conocer límites.
Los soldados de Napoleón: el frío y el hambre les pasaron factura. Los franceses habían cargado con botín de guerra sus alforjas, no con víveres. Y el oro, a pesar de que Craso hubiera querido poder digerirlo en ese infausto momento en el que fue apresado por los aliados de Partia, no se come.

Creer que sabemos lo que valen las cosas. Tasarlas y cuantificarlas para después abandonarlas o consumirlas sin conciencia. Sin saborear.

Hace mucho tiempo que se produce una lucha entre los que creen que no se puede ser bueno y piadoso, espiritualmente sano y elevado más que siendo pobre. Otros consideran que la riqueza y los bienes materiales son muestra inequívoca de la aprobación de Dios.

Blanco o negro. Pobre o rico. Espiritual o materialista.
Puedes ser pobre -económicamente- y honrado. Generoso. Feliz. Puedes ser rico -económicamente- y honrado. Generoso, feliz.
Porque el verdadero tesoro reside en la verdadera riqueza -que puede ir acompañada o no de la material-: la interior.

Perseguir la virtud como el bien más precioso. Perseguir la propia belleza mediante la forja de uno mismo.

Y digo forja porque a cualquiera que tenga idea de qué significa esa palabra, le vendrá a la mente el calentar un metal hasta ponerlo a rojo, golpearlo y golpearlo para darle la forma deseada, enfriarlo de repente.
Alguien que vive ese proceso, alguien que ha buscado en su interior y ha decidido forjarlo, sea rico o pobre económicamente, sabe de lo duro que es el proceso. Sabe que paga un precio alto, que invierte una suma importante, para conseguir los beneficios que busca.

Y alguien así sabe que no puede dejar que otros tasen y juzguen sus avances. Porque solo el que forja sabe bien del esfuerzo y el sacrificio, la disciplina, las lágrimas -a veces de dolor, a veces de éxtasis-.

Considérate rico si has vencido uno de tus miedos limitantes. Considérate rico si has comprendido que, por mucho amor que des, siempre te queda para ti, para los más cercanos. Ser rico puede ser tener una fuente de amor, nacido de la propia virtud: amor por la propia obra y amor por los que están trabajando en la suya.

Ser rico es ser consciente de que has dañado a alguien, de que has sido alguna vez la causa del dolor de otras personas. Pero lo que te hace rico es haber sabido seguir adelante con el aprendizaje de aquello de ti mismo que no te gusta y decidido cambiarlo, mejorarlo, transformarlo. La culpa, si no contiene aprendizaje, es un agujero roto en tus bolsillos.

Nadie puede ser pobre hoy en día. Porque los pobres de espíritu, los pobres de virtud, los pobres de compasión, los pobres en amor solo son personas, o bien enfermas, o bien estúpidas.

Tu cerebro está diseñado para sobrevivir. Al menos la parte que realmente gobierna nuestra toma de decisiones. Está desactualizado, es cierto. Necesitarás verdadero esfuerzo para conseguir salir de tu zona de confort. Más aún para aprender -cosa que solo ocurre fuera de la zona cómoda-, y el triple de la anterior para implementar lo que aprendas.
Pero la moneda que tenemos es el tiempo, ese es el verdadero contravalor. La vida se paga con tiempo, no con papel moneda.

Así que sal ahí fuera, tú que estás leyendo esto, y empieza a forjar la Virtud. Hazte rico de una vez para que puedas compartir -el pobre no puede compartir, y si lo hace es por el interés de recibir migajas, pena o una caridad. O peor aún, para sentirse por encima del necesitado-.

Descubre tus valores. Decide a qué le das valor real. No te equivoques: el precio es subjetivo. Hablo de Valor.

Descubre tu talento y ofréceselo al mundo. No necesariamente gratis, naturalmente.

Y espero que, al llegar al final de este artículo, no puedas decir más: “soy pobre”. Porque créeme si te digo que pobres hay entre los ricos y entre los más desfavorecidos, así como ricos los hay también en ambas partes.

Pero ahora, quiero que te respondas una pregunta muy sencilla en voz alta.

¿Qué quieres?

Sal ahí fuera y ve a por ello.

Siendo rico, no tienes excusa para no conseguirlo.

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